Inteligencia Artificial (II)

En la primera entrega de esta saga sobre Inteligencia Artificial, Turing ha planteado lo que, poco más o menos, son los principales problemas filosóficos relacionados con la IA. Turing añade:

El nuevo problema tiene la ventaja de trazar una nítida delimitación entre las capacidades físicas e intelectuales del hombre… No le reprochemos a una máquina su ineptitud para sobresalir en un concurso de belleza, ni a un hombre el hecho de que pierda una carrera con un aeroplano.

Uno de los atractivos del artículo consiste en  ver cómo Turing sigue todas las huellas de cada una de las líneas de pensamient, haciendo aflorar, frecuentemente, una aparente contradicción en algún estadio, para luego resolverla mediante el buen desarrollo de sus conceptos, en un nivel de análisis más profundo.

Esta perspicacia es el motivo por el que el artículo tenga un valor a día de hoy, después de tantas décadas después, tras enormes progresos en el desarrollo de computadoras. La siguiente cita del trabajo de Turing es una prueba de la rica movilización de ideas que tenía:

Quizá el juego pueda ser criticado desde el punto de vista de que las disparidades gravitan en exceso en contra de la máquina. si el hombre se pusiera a tratar de ser la máquina, daría sin duda una exhibición muy pobre; sería descartado inmediatamente por su lentitud e inexactitud aritméticas.

¿Las máquinas no pueden ejecutar determinadas cosas que deben ser descritas como pensamiento, pero que son muy diferentes de lo que hace el hombre?

Esta objección es muy poderosa pero, al menos, podemos decir que no tenemos por qué preocuparnos por ella si, pese a todo, puede llegar a construirse una máquina que practique satisfactoriamente el juego de la imitación.

Se podría postular que, cuando practique el «juego de la imitación«, la mejor estrategia de la máquina sería, posiblemente, hacer algo distinto a imitar el comportamiento humano. Quizá sea así, pero creo poco probable que se obtengan resultados muy eficaces a través de ello. De cualquier manera, no existe la intención, aquí, de investigar la teoría del juego, y se dará por supuesto que la mejor estrategia radica en tratar de suministrar respuestas del tipo de las que daría normalmente un hombre.

Después de proponer y comentar la verificación, Turing observa:

Creo que la pregunta inicial, «¿Las máquinas pueden pensar?», es demasiado carente de significado como para merecer que se la discuta. No obstante, pienso que a fines de este siglo el uso de las palabras y la opinión general de la gente educada se habrán modificado tanto que será posible hablar de máquinas pensantes sin esperar que se susciten contracciones.

Hay que tener en cuenta la época en la que Turing realizaba estos trabajos, y la moral de sus gentes por aquel entonces como bien indica el mismo Turing. Esta situación le obliga a anticiparse a las objecciones, pues era cuestión de tiempo las protestas que habría.

De esta forma, Turing procedió a detallar, minuciosamente, y con cierta dosis de humor, una serie de objeciones a la noción de que las máquinas pudiesen pensar. Realizó un total de nueve clases de objeciones:

  1. La objeción teológica. El pensamiento es una función del alma inmortal del hombre. Dios ha dotado de un alma inmortal a todo hombre y a toda mujer, pero no a ningún otro animal o máquina que pueda pensar.
  2. La objeción «del avestruz». Si las máquinas pensaran las consecuencias serían pavorosas. Debemos esperar y creer que ello no puede suceder.
  3. La objeción matemática. Se trata, esencialmente, de la argumentación de Lucas. En esta página se encuentra explicado en el apartado 3.1.
  4. La objeción de conciencia. «Sólo cuando una máquina pueda escribir un soneto o componer un concierto gracias a que experimenta pensamientos y emociones, y no por una reunión casual de símbolos, aceptaremos que la máquina se equipara con el cerebro en cuanto que, además de enunciar algo, sabe lo que ha hecho. Ningún mecanismo (como no sea a través de meras señales artificiales: una simple estratagema) puede sentir complacencia ante sus propios aciertos, aflicción cuando se funden sus válvulas, halago cuando es elogiado, autosubestimación frente a sus equivocaciones, inquietudes sexuales, cólera o depresión cuando sus deseos no se cumplen.» -Cita de un tal profesor Jefferson.
  5. Argumentación de las diversas incapacidades. Este tipo de razonamiento adopta la siguiente forma: «Admito que pueda usted conseguir que las máquinas hagan cosas que ha mencionado, pero usted nunca podrá conseguir que una máquina realice X.» Son sugeridos numerosos rasgos de X, a este respecto. Ofrezco una solución: ser afectuosa, ingeniosa, bella, amistosa, tener iniciativa, tener sentido del humor, discriminar entre aciertos y errores, cometer equivocaciones, enamorarse, gozar del sabor de las fresas, hacer que alguien se enamore de ella, aprender de la experiencia, usar adecuadamente las palabras, ser el tema de sus propios pensamientos, tener un comportamiento tan diversificado como el de una persona cualquiera, hacer algo realmente nuevo.
  6. Objeción de Lady Lovelace. La información más detallada con que contamos sobre el Ingenio Analítico de Babbage proviene de una memoria al respecto de Lady Lovelace, quien incluye esta apreciación: «el Ingenio Analítico no tiene la pretensión de crear nada. Puede hacer todo aquello que sepamos cómo ordenarle que lo haga
  7. Argumento basado en la continuidad del sistema nervioso. El sistema nervioso no es, por cierto, una máquina de estados discretos. Un pequeño error en la información relativa a las dimensiones del impulso nervioso que llega a una neurona puede significar una gran diferencia en las dimensiones del impulso de salida. Siendo así, puede sostenerse que no cabe confiar en la posibilidad de imitar el comportamiento del sistema nervioso mediante un sistema de estados discretos.
  8. Argumento basado en la informalidad de la conducta. Dice, poco más o menos, así: «Si cada hombre tuviera un conjunto definido de reglas de conducta para regir su vida, no estaría por encima de la máquina. Pero tales reglas no existen, de modo que los hombres no pueden ser máquinas.»
  9. Argumento basado en la percepción extrasensorial. Practiquemos el juego de la imitación, teniendo como testigo a un hombre calificado como receptor telepático. El interrogador puede plantear preguntas de esta clase: «¿A qué palo pertenece la carta que tengo en mi mano derecha?» El testigo, empleando la telepatía o la clarividencia, proporciona 130 respuestas correctas sobre 400 cartas. La máquina sólo puede hacer conjeturas al azar, y quizá obtenga 104 aciertos.

Turing se muestra convencido de que debe dar una respuesta, con el mayor detalle, a todas estas graves objeciones. Así, dedica muy buen espacio a su argumentación, dentro de la cual aparece otro breve diálogo con respecto a la objeción número cuatro:

Interrogador: En la primera línea de su soneto, que dice «Eres cual un día estival», ¿no sería lo mismo, o mejor, poner «un día primaveral»?

Testigo: Cambia el escandido.

Interrogador: ¿Y «un día invernal»? El escandido coincide perfectamente.

Testigo: Sí, pero a nadie le gusta que se le asemeje a un día invernal.

Interrogador: ¿Diría usted que Mr. Pickwick le hace pensar en Navidad?

Testigo: En cierto modo.

Interrogador: Sin embargo, el de Navidad es un día invernal, y no creo que a Mr. Pickwick le moleste la comparación.

Testigo: No me parece que hable usted seriamente. Cuando se habla de un día invernal se hace alusión a un típico día de invierno, y no a un día especial como el de Navidad.

Después de este diálogo, Turing se pregunta que respondería el profesor Jefferson si la máquina de escribir sonetos le respondiese de viva voce algo semejante.