Inteligencia Artificial (I)

En 1950, Alan Turing escribió un artículo fascinante que resultó profético sobre Inteligencia Artificial (IA). Lo tituló «Computing Machinery and Intelligence«, y apareció en la revista Mind. Alan Mathison Turing nació en Londres, en 1912, desde niño, se mostró pleno de curiosidad y de agudeza. Muy dotado en matemática, asistió a Cambridge, donde su interés por las máquinas y por la lógica matemática convergieron, dando como fruto un trabajo titulado «Números computables«. En este trabajo inventa la teoría de las máquinas de Turing y demuestra el carácter irresoluble del problema de la detención.

Alan Turing

En la década de los cuarenta, se centró desde la teoría de las máquinas Turing hasta la construcción concreta de computadoras reales. En Gran Bretaña alcanzó renombre colocándose entre los principales desarrolladores de computadoras y defensor de la IA.

La verificación Turing

El artículo escrito por Turing comienza con la frase:

Me propongo considerar la pregunta ¿Las máquinas pueden pensar?

Dado que es necesario buscar un modo operacional de enfocar el problema, puesto que los términos anteriores encierran una petición de principios, Turing sugiere lo que él llama «juego de la imitación«, actualmente conocido como la verificación Turing. El problema se formula de la siguiente forma:

Participan tres personas. Un hombre (A), una mujer (B) y un interrogador (C), el cual puede pertenecer a cualquiera de ambos sexos. El interrogador pertenece en una habitación que lo separa de las otras dos personas; su objetivo consiste en determinar cuál de las dos personas restantes es el hombre y cuál la mujer. Los conoce bajo los rótulos X e Y, y al final del juego declara, o bien «X es A e Y es B», o bien «X es B e Y es A». Se le permite plantear este tipo de preguntas a A y a B:

C: «Por favor, X, ¿Querría decirme cómo son de largos sus cabellos?»

Supongamos ahora que X es A, y que debe contestar, su objetivo en el juego es conseguir que C no acierte la identificación. Su respuesta, en consecuencia, podría ser:

X: «Mi cabello es escalonado, rubio, y los mechones más largos miden un poco más de veinte centímetros.»

Para descartar todo tipo de posibles deducciones a partir de características comunes de los dos géneros, las respuestas serán mecanografiadas. De esta forma, descartamos que deduzca por el timbre de voz o la letra a qué género puede pertenecer. Quizá su mejor estrategia sea brindar respuestas veraces, y puede agregar a sus respuestas expresiones tales como «La mujer soy yo, ¡no le haga caso a él!», aunque esto no servirá de mucho en la medida en que el hombre puede decir cosas similares.

Estatua en recuerdo de Turing

Y ahora, platearemos la pregunta: ¿Qué sucederá si A es sustituido por una máquina en este juego? ¿Las equivocaciones del interrogador tendrán la misma frecuencia, jugando de este modo, que cuando las contendientes son un hombre y una mujer? Estas interrogaciones reemplazan a la pregunta inicial ¿Pueden las máquinas pensar?

Después de explicar la naturaleza de su verificación, turing pasa a hacer algunos comentarios sobre la misma que, teniendo en cuenta el año en que fueron formulados, llaman la atención por sus refinadas profundizaciones. Para comenzar, imagina un breve diálogo entre interrogador e interrogado:

  • P: Por favor, escríbame un soneto a propósito del Puente de Forth (en referencia al Golfo de Forth, Escocia).
  • R: Me declaro vencido. Jamás podría escribir poesía.
  • P: Sume 34957 y 70764.
  • R: (Pausa de unos treinta segundos) 105.621.
  • P: ¿Juega al ajedrez?
  • R: Sí.
  • P: Tengo R en R1R, y ninguna otra pieza. Usted tiene su R en R6R y T1T, además, juega usted, ¿cómo mueve?
  • R: (Después de una pausa de 15 segundos) T8T, mate.

Hay que advertir que, en el problema aritmético, no solamente hay una demora inusitada, sino que, además, la respuesta es errónea. Esto se responde rápidamente si la respuesta ha sido dada por un ser humano: se trata de un simple error de cálculo. Pero, cabría la posibilidad de que fuese una máquina, y en este caso habría varios factores a tener en cuenta:

  1. Un error de tiempo de proceso en el nivel de hardware (una casualidad irrepetible)
  2. Un error no intencional del hardware, o en la programación, causante de equivocaciones aritméticas (repetibles).
  3. El programador podría introducir una función en el código que introdujera errores aritméticos ocasionales, con la finalidad de añadirle más dificultad o burlarse del interrogador.
  4. Un epifenómeno inesperado: al programa le cuesta mucho pensar de forma abstracta y simplemente comente un «error honesto» que puede no repetirse con otra operación.
  5. Una broma jugada por la propia máquina con el objetivo deliberado de incomodar al interrogador.