Comportamiento humano (IV)

En las anteriores entregas hemos visto como los comportamientos están relacionados con lo que acontece tras, o antes, de emitir una conducta concreta. Pero, en la mayoría de casos el origen es diferente. Basta con que un sujeto observe el comportamiento de otras personas y lo reproduzca o imite. La imitación es una parte crucial del aprender humano y, en contra de lo que dicta el sentido común, no nacemos sabiendo imitar. Es necesario saber imitar y para ellos hay que aprender a imitar.

Se trata de una adquisición, una adquisición eminentemente social. Podemos fijarnos en los primeros años de vida, donde los padres están atentos a los «progresos» que realiza su bebé. «Progresos», en lo referente al comportamiento del bebé, que se asemejan al de los padres.

De esta forma, el bebé no sólo aprende comportamientos nuevos, sino que aprende a imitar. Este fenómeno se extiende rápidamente y con el paso del tiempo comenzará a ponerse las zapatillas de los padres, o simplemente a imitar gestos o actitudes de sus progenitores. Más tarde, serán otros juegos como papás y mamás, policías y ladrones, etc.

Anteriormente hemos visto que el ser humano nace con comportamientos, reflejos todos, que representan su bagaje para la interacción inicial con el mundo que le rodea. Hablamos de lo que podríamos llamar un repertorio de comportamientos incondicionados, básicamente, porque no precisan de experiencia previa. Su importancia radica en ser el primer eslabón de la cadena conductual que vincula al recién nacido con sus progenitores.

Unos padres con sus hijos

 

El número de conductas innatas es elevado, pero sólo unas pocas tienen una transcendencia significativa. Estas conductas sirven al bebé para interaccionar con su entorno social como, por ejemplo, el llanto. El llanto es el primer comportamiento infantil al que suelen asistir los padres. La sonrisa no está presente desde el principio puesto que necesita cierta maduración neuromuscular.

La succión es fundamental para la subsistencia del bebé, siendo este un reflejo que se acciona siempre que los labios entran en contacto con un objeto. Por lo tanto, el repertorio conductual innato es fruto de la herencia biológica, aunque tamizada por la interacción intrauterina.

Un punto relevante, el último que veremos aunque hay muchos más, es la influencia del lenguaje sobre el comportamiento. Cuando las palabras dejan de ser sonidos para convertirse en significantes, y el individuo domina un número adecuado de ellas y sus distintas combinaciones, todo su comportamiento, incluso su organismo, queda sometido a un nuevo mundo de influencias. Cuando nacemos estamos en manos de las estimulaciones estrictamente físicas. Más adelante, estas estimulaciones se entretejen mediante relaciones sociales, del trato intrahumano, y surge un nuevo sistema de estimulación, el verbal.

Un grupo de personas trabajan en un proyecto

Desde el momento que el ser humano adquiere la capacidad de escribir las influencias del ambiente verbal se multiplican. Desde este momento, no sólo lo que oye, sino lo que lee puede constituirse en agente de cambio conductual. Es mucha la importancia del significado emocional del lenguaje, en la comunicación interpersonal este significado nos permite transmitir/compartir experiencias, sentimientos, etc. Por ejemplo, la visualización de la portada de un periódico implica la recepción de una serie de impactos verbales. Pero la máxima influencia que el lenguaje ejerce sobre el comportamiento humano, por su mediación, es la creación o modificación de actitudes.

Y las actitudes, las predisposiciones a favor o en contra de lo que sea, determinan los comportamientos. Algo genérico como:

Todos los vagabundos son peligrosos

Aún si haber tenido contacto con este grupo humano, tiende a provocarnos un comportamiento hacia ellos como si ya les conociéramos de algo, cuando realmente no hemos tenido una experiencia previa con dicho grupo, y, además, con una connotación negativa. De esta forma se gestan los prejuicios.