Comportamiento humano (III)

Tal y como hemos comprobado en anteriores entregas, para comprender el comportamiento humano es necesario conocer algo vital: el aprendizaje. Que un individuo aprenda algo supone un cambio en su comportamiento. El comportamiento del ser humano varía a lo largo de su vida puesto que está en contacto con el mundo que le rodea, experimentando nuevas situaciones que le llevan a aprender comportamientos nuevos o suprimir alguno de los ya existentes.

El comportamiento general de una persona nos lleva a hablar de inteligencia o de personalidad. Cuando se menciona el hecho de aprender se corre riesgo de creer que sucede en una sola dirección, es decir, un estímulo externo nos lleva a un aprendizaje. Y no siempre es así, la evolución del comportamiento humano en función de los sucesivos fenómenos de aprender, y del olvidar, es una sucesión de interacciones.

Toda interacción entre dos individuos supone una influencia mutua cuando entran en contacto, y que sería de una forma completamente diferente si incidiese uno sobre el otro.

Hay que tener en cuenta que el ser humano en una determinada situación tenderá a reaccionar de una manera emocional, pero, la reacción no dependerá en exclusiva de la situación, sino que también en las características fisiológicas que permiten y sustentan la emoción en sí misma. Por lo tanto, la reacción será consecuencia de la influencia del medio y ciertas características del organismo. Y ahondando más, se diría que esas características del organismo son fruto de la interacción herencia-ambiente.

Hay que recordar que los aprendizajes esenciales a lo largo de la vida de un ser humano se enmarcan en un medio social, en el que unas personas se relacionan con otras. La interacción individuo-individuo es, quizás, el fenómeno central de la evolución individual e incluso social.

La evolución humana no ocurre en solitario, el ser humano evoluciona haciendo evolucionar a los demás, es influido influyendo. No se puede entender la evolución de un niño concreto atendiendo únicamente a los que padres «le enseñan». Para comprenderla es necesario también considerar como el niño influye en los padres, sobre los comportamientos de estos, y en consecuencia, sobre sí mismo.

Lo mismo puede aplicarse a la interacción individuo-grupo, o incluso, individuo-sociedad o individuo-historia. El comportamiento del ser humano en un determinado momento de su vida es resultado de la interacción de múltiples factores.

Estos factores engloban más de lo que a primera vista puede suponerse, como las influencias prenatales o las orgánicas postnatales.

El llamado comportamiento instrumental u operante depende de lo que sucede después de una acción, al contrario que en la conducta refleja. De esta manera, llamamos instrumental a todo comportamiento que se produce o modifica en función de sus consecuencias. Un ejemplo básico sería cuando un bebé alza las manos al ver a su madre, y esta se acerca sonriente y le levanta acomodándolo entre sus brazos. Tras repetirse esta situación varias veces el bebé habrá aprendido una nueva respuesta en función de lo sucedido tras emitir su conducta.

Se ha producido un aprendizaje por reforzamiento del comportamiento en cuestión, ya que la respuesta obtenida por el bebé ha sido gratificante. De todas formas este comportamiento esta vinculado a la madre, es decir, a su voz, su complexión, su rostro… De tal manera que el bebé reaccionará así ante ella y, casualmente, ante otros. Estamos ante un estímulo discriminativo. Por esta razón se considera el comportamiento instrumental como voluntario.